No es novedad que la cosa venia complicada de arrastre y si nos ponemos a tirar del hilo gobiernos hacia atrás, probablemente algo de responsabilidad también tenga Bernandino Rivadavia, lo que si es incuestionable es que la pandemia fue sin duda la estocada final para una economía agonizante.

El rechazo de cheques se disparo un 85%

Para ser más rigurosos, al menos en lo que a economía respecta, cabe aclarar que la causante real de la debacle no es la pandemia en si, sino la cuarentena. Después podemos discutir si era inevitable o no y si era la única (y mejor) manera de aplicarla, lo que es cierto es que la imposibilidad de trabajar durante más de cien días ha roto por completo la cadena de pagos y llevado a la quiebra a miles de empresas.

Uno de los indicadores más escandalosos es que el rechazo de cheques de toda la economía se disparó un 85 por ciento, a un récord histórico de 6.100 millones de pesos. Esto no fue diferente en nuestra ciudad, donde aunque no hay cifras oficiales, podemos decir que en la calle se respira una mezcla de irascibilidad e impotencia ante la pandemia de cheques rebotados.

“Un poder judicial paralizado y un contexto económico devastador, con negocios cerrados y propietarios imposibilitados de responder, te dejan con un montón de papelitos de colores en la mano”

Esto nos comentaba uno de los damnificados, con su voz quebrada entre impotencia y desazón. Sin embargo, también cabe aclarar que los deudores no son solo pequeños comerciantes y autónomos que se vieron sorprendidos por la crisis, también aparecieron “los oportunistas de siempre” que aprovecharon el contexto para no pagar. Modus operandi que vienen aplicando sucesivamente desde hace décadas.

“Son tipos de bien. Todos con familia y presuntamente honestos. Con algunos hasta he comido asados en el campo. ¡Si te cuento los apellidos te morís! Muchos son chacareros que no solo tienen campo y capital para responder, sino que nunca dejaron de producir a pesar de la pandemia, entonces no se entiende que no afronten sus obligaciones. La única explicación que encuentro es que no eran tan honestos como aparentaban y en muchas ocasiones como su familia piensa”

Entre los titulares de las firmas hay un abanico diverso donde se destacan conocidos abogados, contadores, gastronómicos, transportistas, constructores, inmobiliarias, etc. Pero a su vez en el rubro agropecuario no solo se da este fenómeno, sino que se podría demostrar una, cuando menos, llamativa relación comercial y personal entre los deudores, lo que dejaría a entrever una maniobra financiera denominada “trenza”, fraude muy común en el submundo de las finanzas que evidencia o al menos abre la puerta al beneficio de la duda sobre la premeditación del delito.

Dolidos, ninguneados e imposibilitados de accionar de manera judicial, muchos de los portadores de estos valores rechazados, no solo no los cobraron, sino que al entregarlos como pago a proveedores tuvieron que hacer frente y levantarlos, siendo doblemente damnificados.

Esta repudiable maniobra principalmente por parte de empresarios y terratenientes que aun teniendo la posibilidad de hacerle frente deciden hacer uso de la peor pandemia de nuestro tiempo para enriquecerse un poco más nos recuerda a la frase del Barón de Rothschild

“Cuando haya sangre en las calles, compra propiedades”.